Dio Guevara, charla junto al fuego I
Este relato lo escribi hace bastante tiempo, al terminar mi primera partida de rol seria. Duro muchisimo tiempo, ¿dos años mas o menos?, no lo recuerdo. Todo fue por messenger, nos reuniamos todas las noches para jugar un par de horitas, a veces tres, otras cuatro, pero es que no nos cansabamos. Jugabamos a Vampiro, en la actualidad.
El relato cuenta la historia de mi primer personaje y sus vivencias, sus combates, sus amistades, sus enemigos, sus amores. Y es que una partida de tanto tiempo te crea un vinculo importante con tu personaje. Ademas la calidad de la partida era magistral como ireis viendo al leerla (aunque quizas mi manera de narrar no le haga justicia), pues lo que cuento es eso; como se desarrollo desde el punto de vista de mi pj. Nada mas, espero que os guste.
10-09-2004 17:05
Por: KeKe
Siéntate amigo, ponte cómodo y sírvete una copa de deliciosa vitae, ya que estás aquí te contaré mi historia. Este Gangrel tiene muchas cosas que decirte y la noche es larga. La noche nos sonríe.
-¿No te gusta la fiesta?
-La odio
-Yo también la odio
-¿ Quieres sentarte?
-Claro...
-Desde que llegué aquí siempre me ha gustado este sitio... Tiene algo especial
-Es silencioso, aquí huele diferente
-Si, no se respira maldad, el mar se lleva toda locura de esa casa.
Lo siento, no me he presentado, Dio Guevara me llamo, aunque de múltiples formas me han denominado a lo largo de mi historia, entre ellas, la más escuchada, estúpido Gangrel sin duda. Y en parte tiene sentido ese calificativo, estúpido es la palabra perfecta para denominar mis primeros años como ser de las tinieblas, si usted me entiende...
Jamás le he contado mi vida a nadie, tampoco preguntaron si le soy sincero, pero le noto una persona crítica, ha leído y escuchado muchos otros relatos y siempre dio su opinión, eso es bueno, espero que sepa apreciar lo que voy a relatarle, si yo hubiera sido escritor la tendría en un papel, pero no es el caso. Así que... ¡Paciencia!
Para empezar le contaré brevemente la historia del sire de mi sire , pues sin él yo no estaría aquí con usted como comprenderá, además de entrañar una significativa importancia a lo largo de los sucesos.
A Ettiene nunca lo conocí, sólo sé lo poco que me contó en su día mi sire, Justine Saint-Claire. Me decía que fue señor Gangrel de las afueras de París, nunca llegué a comprender qué era eso, pero poco importa ya. Él tenía un hermano, Bálen era su nombre, hermano como nosotros lo conocemos, de sangre. Ese maldito era parte de la Primogenitura Parisina, siempre envidió de alguna forma a Ettiene, pues él era lo que se podría llamar un vástago libre o independiente, le traía sin cuidado lo que le dijesen esos chupatintas, siempre le entendí como un pasota, pero respetó la mascarada.
Quizás fuera eso lo que llevó a Bálen a matarle, la envidia, pero eso vendrá después.
Ettiene, aunque pareciese solitario y demás, se enamoró de Justine. Todas las noches se encontraban en el parque donde él residía, como embrujada por la música que el creaba y regalaba a tan bella dama, Justine se enamoró más si cabe del Gangrel, qué bonito...
Alguien dijo una vez que “lo bueno dura poco” y qué razón tenía desde luego. Bálen no tardó en comenzar un complot contra su odiado hermano, encabezando sus acusaciones con el hecho de que éste siempre rechazaba la propuesta de unirse a la mansión, por lo que debía ser castigado.
Más listo que un zorro y consciente de lo que se avecinaba, le dijo a su amada Justine que no podrían verse nunca más, pero el amor es una cadena bien endurecida y si además el destino le favorece, se diría que su material es más fuerte que el diamante.
Ella, llena de cólera al ver que su amado la abandonaba, le quitó el puñal que siempre llevaba y juró clavárselo si él no se quedaba. Conocedor de los limites de esa preciosa joven, hizo caso omiso de sus palabras. ¡Pero Ay! El destino también juega malas pasadas y dejó su regalo, un bache en la tierra del camino, ella, inconsciente en su carrera por alcanzarlo, encontró una trampa mortal en forma de tropiezo unido a un cuchillo en sus manos. Debió ser terrible ¿no cree?
Imagine por un momento estar en la piel de Ettiene ¿qué hubiera hecho usted?
Hace tiempo me ví en una ocasión parecida, pero si le digo la verdad, no fui capaz de condenarla a una vida eterna, usted ya me entiende. De todas formas, esto vendrá mucho mas tarde, no nos desviemos.
También alguien dijo una vez “no te das cuenta de lo que tienes hasta que lo pierdes”. Puede que fuera eso lo que pensó el pobre Gangrel al ver a Justine perdiendo la vida poco a poco desde esa fea herida producida por su propio cuchillo. No pudo más, pues, que abrazarla y condenarla, e indirectamente a mi, a una vida inmortal y de oscuridad.
Quiero pensar que ella nunca se lo reprochó, de hecho creo que ella siempre le estuvo agradecida por dejarla compartir su eternidad con él. Puede quizás que fuera causa del poder de la sangre que compartían, sellado en un vinculo irrompible. Fuera como fuere, de eterno no tuvo nada, pero en fin.
Se establecieron en un piso del centro de París, no tardó en llegar el emisario de la princesa Dianne, un tal Metcard, sustituto de otro tal Ledoyen, que si no recuerdo mal, fue muerto por las propias manos de Ettiene cuando traía un mensaje de la misma índole, pero no me haga mucho caso.
Metcard no era nadie, un Ventrue de poca monta en ese tiempo, arrogante y engreído como él solo, fue uno de los culpables de que Ettiene perdiera los nervios. El mensaje venía de parte de la mismísima Dianne, muy bella por cierto pero sin ningún tipo de remordimiento en sus actos, al fin y al cabo, uno no se hace príncipe siendo un santo. El emisario habló lo mandado: “Si te unes a la casa de París, tus faltas serán perdonadas”.
Recordemos que el Gangrel aborrecía esa casa, no se lo reprocho, yo la odio incluso más.
La contestación llegó rauda. Él sabía que a Dianne le importaba poco que fuera independiente, por lo que Bálan seguramente le habría comido la oreja, como quien dice, a la princesa hasta la saciedad. “Puedes decirle a Bálan que se meta su Primogenitura por donde le quepa”. Algo así debió decir aunque de forma más fina y respetuosa, de todas formas, al asqueroso Ventrue no le debió sonar muy bien y añadió: “La propuesta de Dianne no se rechaza dos veces”. Amenazas... Cualquiera hubiera dejado estar las cosas, pero sabiendo que su hermano estaba metido en todo eso, no pudo controlar su rabia más y fue decidido a acabar con Bálan. Y aunque no le faltaba valor ni capacidad para hacerlo, debió darse cuenta de que la primogenitura es intocable y así acabó, casi más muerto de lo que ya estaba. Herido por doquier y en forma de un lobo tan blanco como mi pelo, se presentó a Justine, muriendo irremediablemente en sus brazos.
Aquí acaba el corto relato de Ettiene, querido por muchos y odiado por tantos otros. Sin embargo, esto es tan solo la introducción de la historia, a partir de aquí continua con la de Justine Saint-Claire y seguida la de un servidor. Siento el poco lujo de detalles, quizás si encontraras a mi sire ella podría ayudarte más. De momento, sólo avanzarte que quedan innumerables amigos y enemigos por salir y múltiples aventuras que serán contadas. ¿Quiere que continúe?

